Gastón Elgafe, previamente publicado en España como Tomás el Gafe, es un personaje legendario del cómic belga, en particular de Franquin, una de las cabezas más brillantes del mismo, que trabajó con esmero el personaje. Aunque formalmente empezó por el formato de tira de media página que acabó extendiéndose a una completa, Gastón nació como una coña interna de la revista Spirou: apareció un buen día por la redacción porque lo llamó "alguien", y se limitaba a hacer chistes en los bordes de legítimas páginas de los artículos de la revista, hasta que un interrogatorio por parte de los propios Spirou y Fantasio sacó en claro su nombre.
A partir de ahí, su despegue y popularidad nunca descendieron. Con tres tomos leídos, puedo decir que lo entiendo: las tiras son buenas y tienen personalidad cuarenta años después. El personaje es perfectamente coherente: Gastón es un hombre de carácter infantil, bienintencionado aunque a menudo catastrófico para los que se encuentran a su alrededor.
Entre sus aficiones está la música, con el gafófono siendo su contribución más sonora (¡JAJA!) a la disciplina artística. Además, es un avezado inventor, aunque tiene un problemilla: casi todos sus inventos acaban en desastre, así como sus contribuciones a la química. Por último, es un incansable amante de los animales, como se ve en la siguiente tira.
De hecho, una de las cosas que más me asombraron de la lectura de Gastón no es ya que en efecto las primeras tiras fueran a veces calcadas por Ibáñez, es que su lectura facilita la propia lectura de la obra de Ibáñez: leyendo Gastón, uno entiende por qué la mitad de la historias tratan de firmas de contratos que arruina la memez de turno de Sacarino, mientras que otra buena porción va de algún bicho que se trae el cabezón.
No obstante, Ibáñez a veces ha explicado que El botones Sacarino se basaba en él mismo, y hay que decir que es cierto que de joven trabajó de botones. Recuerdo que cuando hace algunos años hicieron una serie del personaje con actores de carne y hueso, cierto artículo rezaba que la obra de Ibáñez es "en parte autobiográfica". Es decir, que mientras Ibáñez trabajaba de botones, arruinaba continuamente contratos para su editorial y tenía que huir de manera cómica la mayoría de los días. ¡¡Y no lo echaron!! Ahora en serio, la tontería que tienen algunos con lo "autobiográfico" es digna de estudio.
¿Es esto tener mucha cara? No y quiero ser justo: ningún autor empieza de la nada. La tradición y las influencias externas determinan ya en buena medida qué primeros pasos seguirá como autor. Sólo cuando ya tiene experiencia es cuando empieza a ser original. En eso, Ibáñez no es algo inaudito ni vergonzoso. George Orwell se inspiró en la obra Nosotros para su famoso 1984 y hasta don Miguel de Cervantes no podría haber escrito el Quijote si no hubiera puesto sus ojos en la novela griega La vida de Esopo, que trata de un filósofo algo chalado y su sensato esclavo, quien por lo visto lo saca de bastantes líos. La propia página en francés cita una declaración de Franquin quitándole hierro al asunto.
Además, los verdaderos responsables de esta decisión fueron muy posiblemente los jefazos de Bruguera: le pusieron delante tiras de Gastón Elgafe y le ordenaron "Cópielas lo mejor posible. ¡Rápido!". Y a Ibáñez no le quedó otro remedio sino obedecer. Otra cosa, ya más sospechosa, es el hecho de que años después siguiera con las mismas tácticas, bien que más ocasionalmente. Tampoco es desconocido que un autor de cómic plagie sólo una viñeta o una secuencia de las mismas, práctica que en el ya citado ADLO! llaman "taquiones" por una escena de Watchmen.
El problema con el caso de Ibáñez viene con lo que podríamos denominar el efecto Bruguera: básicamente, durante casi década y media, una buena porción del sector editorial cayó en manos de quienes sólo querían continuar el efecto Mortadelo. Y se reveló imposible, claro, y no sólo por la creciente influencia del manganime, pero la peor consecuencia fue que en esa época se ignoró cualquier posibilidad de hacer tebeo patrio algo más maduro. Hubo cosas, como Superlópez y algunas de sus historias sociales (aunque empezara siendo una parodia) y quién puede olvidar a Carlos Giménez.
Por si esto fuera poco, Bruguera acabó transformándose en uno de esos famosos símbolos generacionales por los que todo el mundo siente nostalgia, vaya a usted saber por qué, porque la realidad es que era una compañía que, además de lo anterior, para colmo podía competir por su ética laboral con las de los tiempos de Roma, cuyos empleados eran esclavos. Esta nostalgia ha aumentado la imagen de Ibáñez como viejo entrañable todavía más, pues al buen señor no le faltan méritos: dicen que es un tío afable y se hace querer, aunque es la hostia de reservado.
Pero la verdad, siendo honesto, es que a veces chochea. En una entrevista que le hicieron ya hace cosa de medio año en la SER, declara sin ambages que la labor del entitador es poca cosa. No sé, señor Ibáñez, el entitador es bastante importante en la industria americana, por ejemplo, donde a veces aparece en la portada. Por supuesto, nada tendría en contra de la afirmación de Ibáñez si supiera respaldarla con argumentos, pero es que se justifica en la propia Bruguera, donde el entintado lo hacían loe últimos monos (bueno, dice muchas cosas, porque Ibáñez habla el triple de rápido que un ser humano corriente).
A ver, señor Ibáñez: en el peor de los casos, todo lo que eso demuestra es que en Bruguera, como han dicho cientos de expertos en la historia del cómic español antes, no se trabajaba bien. El entintado no tiene por qué ser una labor innecesaria sólo porque fuera algo así como un puesto para pringaos en Bruguera. Lo que haría el entintado una mala tarea es que en casi todas las editoriales del mundo se practicara del mismo modo, pero parece que no. Ni siquiera ya en España es así.
Y esto me hace pensar en una frase que siempre me ha gustado mucho y que dice que, si bien algunos han pasado por la universidad, la universidad no ha pasado por ellos. Pues en el caso de Francisco Ibáñez, no sólo él pasó por Bruguera, sino que Bruguera pasó por él. Además, anquilosarse parece frecuente entre autores que se pasan años haciendo el mismo tipo de obra hasta el punto de que las hacen en modo automático, por así decirlo. Charles Schulz pasó sus últimos años con fama de cascarrabias y Rumiko Takahashi tampoco ha destacado desde Ranma 1/2 por hacer algo realmente innovador (sin meterme a juzgar la calidad de sus últimas obras).
Mi amigo, compinche y, tengo cada vez mayor certeza, persona con la que comparto medio cerebro Mario Domínguez Soler también ha manifestado su opinión particular al respecto (se puede leer la conversación entera en otra página).
He escuchado la entrevista a Ibáñez en La Ser, y la verdad, he sido bastante reacio a opinar nada al respecto... Pero tras dialogar sobre ello, he pensado que lo más honesto que puedo hacer es compartir mi opinión al respecto, así que, en fin, hilo va. https://t.co/lbejYMKC1T
Su opinión abunda en la mía del síndrome de encasillamiento, de la nefasta influencia de la editorial, con además una comparativa con otros autores de Brugera. Coincido con él en que, si bien Ibáñez es bueno, es más que trabajó como un esclavo lo que le dio finalmente la fama, amén de la obvia suerte. Otros autores tenían otras cualidades, pero él tenía esa, que era la más valiosa para una editorial como Bruguera.
Si proseguiéramos la comparación con las tiras de Gastón, se me hace obvio que Ibáñez supo trabajar mejor los dúos: Mortadelo y Filemón, Pepe Gotera y Otilio, el propio botones Sacarino interacciona especialmente con el director de El aullido vespertino. Su personaje en solitario más famoso es el más personal (y difícil de traducir), Rompetechos, cegato como él. Aunque desde luego volvió a cometer algún desliz, este se reduce a una escena y luego sigue coherentemente con el tema. Es posible que alguna obra como El sulfato atómico tenga ya la sospecha sobre todo el conjunto, como indican en En todo el colodrillo, pero diría que en líneas generales, aprendió por sí mismo a evitar esos errores.
Otra cosa es que, como ya he dicho, su estilo se haya quedado estancado y a veces haya dado productos como aquel tebeo en que salían el Capitán Trueno y sus cuates en lo que, tengo entendido, fue un festival de la vergüenza ajena. Charles Schulz y Rumiko sí han superado la prueba de repetirse con mayor acierto, porque tienen ambos otras cualidades como, respectivamente, la rapidez del gag y el dibujo que han sabido mejorar aunque el paquete sea más o menos el mismo.
Bueno, ni siquiera me hace falta salir de España: Superlópez ha ofrecido historietas largas graciosas, con muchísimos gags, en los que no se pierde en ningún momento el argumento principal. Hasta el propio Vázquez, rey de las tiras cortas y de reducir el chiste a una viñeta, fue capaz de crear una historieta larga, Agente del fisco, en la que el humor rápido y efectista no dañaba el argumento principal.
Por eso, tampoco puedo terminar la entrada sin decir que me parecen absurdos los intentos de los participantes del debate con Ibáñez en que intentan poco menos que sonsacarle que él es un autor político y social. No es eso ni de coña, y aquí hay que decir que el aludido se quita de encima semejantes atribuciones con bastante humildad, para lo que estamos acostumbrados a ver en según qué entrevistas que en mi opinión, tan sujeta al error como la de cualquiera, casi entran en la categoría de sexo oral. Sacar a un personaje de actualidad y ridiculizarlo de cualquier manera no hace a una obra social o política, aunque sea un mantra bastante extendido entre periodistas y otros seres llenos de pendatería.
En conclusión, a Ibáñez le ha acabado pasando lo mismo que a otros: ha acabado siendo esclavo de sí mismo y de cierta imagen que se ha creado.
P.D: Esta entrada ha pasado casi medio año como borrador, siendo editada de tanto en tanto. Aunque la he repasado, es posible que su irregular composición se haya notado durante la lectura. Si así ha sido el caso, lamento el hecho.
Well, it has been long. I updated the blog at the end of last year, but not for English readers. As I told on my last post, I got this job, that I still hold, and I still need the money. While I have left aside my personal programming, at the least it has helped to me to acquire some practical discipline and experience on a professional level.
And then, I almost died. Relax, it was just "almost". Basically, my heart had a congenital disorder that caused me an episode of arrythmia, a circumstance that has been my most painful experience ever, on the 2nd of December. At first, I thought I was having a heart failure, and after I warned my mother, we called emergency services. While I waited, I spent very, very bad moments. Finally, the ambulance arrived and they took me to the hospital. There I got various injections that caused me to vomit, which finally ceased the episode. And I spent the next three weeks and a half in the hospital.
Maybe some readers may thank me if I comment that, in Spain, health care is heavily taxed (social insurance, in other words) and I didn't have to pay a penny for this long internment (except what I have paid on taxes, of course). But, as a drawback, wait times can be eternal. I wasn't exactly sick, but rather at risk of suffering other attack that cold have led me to my grave. So, I needed to be performed a cardiac catheterization, where you take a very thin tube to heal people without having to cut their flesh. But, unluckily for me, the 6th and the 8th of December, both feasts in Spain, made a kind of holiday week last year, so it was the worst time to expect things to be done fast. So, I had to wait for a week for this operation, every second outside the shower with a telemetry to check I didn't suffer other attack.
Results? Half good. Although a vessel susceptible to cause tachycardia was indeed found and burnt (the medical team checked it because they artifically caused it), the same case of arrythmy that sent me to the hospital couldn't be reproduced. So, doctors suggested me to get an implantable cardioverter-defibrillator (ICD), and my bad luck wanted that there were reforms to install new material in the hospital that stopped me from having an MRI.
Why? Because in the future, the ICD, as it has a magnetic field, will interfere in the case I need one. So, I had to wait again, for a week and a half this time. Aside from being convalescent, I was pretty impatient at the start, but I resigned to my fate. Finally, I had the MRI and, finally lucky, I was implanted the ICD the next day. It was a short operation, but I spent that whole morning sleeping and I don't remember anything after I lay down on the operation table.
But I still had to spend even Christmas in the hospital and I didn't come back at home until the 26th. As you guess, I was on sick leave and I still spent the first month of this year resting. So, I am now a cyborg, but not of the cool kind from science-fiction, but actually weaker than the common man. Here you have some x-rays of various ICDs inside of people's thorax. Also, I have had to get used to this lump under my left armpit and to the fact that it keeps the object that could save my life under my flesh.
But, you see, you sometimes get over it. I had to admit that I have a chronic illness after a lifetime of not having anything remotely dangerous. I need medication, but as I have already mentioned, taxes help a lot and I only have to pay a small fraction of a cost that was initially low to start with. Once again, thanks to social insurance I received a communicator that sends periodically information of how my ICD and my heart are doing, along with a neat user's guide.
And still, I am happy that my only weakness is an equipment by electromagnetic induction, I could have died or become pretty crippled. So, after returning to work, I just continued living. By the way, we are testing this new schedule that will give us more free afternoons, so I think I can return to my personal projects.
But that will have to wait, because there are other things that will come down. Bye!
El domingo 2 de diciembre, a eso de las tres y media de la madrugada, me desperté con un dolor que me oprimía el pecho. Al principio, pensé que sufría un infarto y avisé a mi familia. Mi madre se levantó, tras lo cual me empeñé en llegar andando al hospital Macarena (vivo a unos minutos), pero una tía mía exigió que llamara a urgencias. Empezó para mí una media hora realmente espantosa, durante la cual creía que acabaría muriendo en cualquier momento.
Al fin llegó la ambulancia y después de preguntarme mis síntomas otra vez, me llevaron al hospital y me clasificaron inmediatamente. En una sala de urgencias, me preguntaron repetidas veces si por algún casual había consumido alguna sustancia estupefaciente poco antes de ese ataque, a lo que juré en todas y cada una de ellas que jamás he consumido.
Por aquel entonces, ya habían encontrado cuál era mi mal: arritmia, y me aclararon que no tenía nada que ver con infartos como creía. Me administraron un par de dosis de adenosina que, no obstante, no hicieron efecto. De pronto, sentí una terribles arcadas y a pesar del aviso del equipo médico, vomité con todas mis fuerzas, lo cual pasó a alabar de inmediato cuando vieron que mi ataque cesó, aunque no la sensación de opresión, que esperaría hasta mucho después.
Me pasaron a lo que más tarde identifiqué como la UCI de coronarias, donde me desnudaron y me pusieron en observación. Después de hablar con mi madre, dormí hasta buena parte de la mañana siguiente. A mi despertar, una doctora me aclaró que lo mío es un problema congénito, en concreto tuve un ataque de taquicardia, causado por la disposición del tejido nervioso en mi corazón, que parece que salta fácilmente a causa de esfuerzos difíciles de identificar. Comenté que ya había notado que tenía cierta propensión a sufrir acelerones del ritmo cardíaco y en cierta ocasión me dolió el pecho mientras reía por la calle despreocupadamente, pero jamás le di ninguna importancia. La doctora nos comunicó a mi familia y a mí que la solución consistía en un cateterismo que quemara la vía anómala. Dimos nuestra aprobación.
Fue entonces cuando entendí que allí no había baño y debía realizar mis necesidades bien sentado, bien acostado. Tampoco me dejaban caminar porque mi estado al llegar era grave. Para una persona más bien inquieta y más bien reservada para las cosas de la higiene elemental como yo, fue bastante desagradable. En cierto momento, al mover la botella de orinar me dio otro ataque de taquicardia, que el equipo médico solucionó con amabilidad indicándome una curiosa maniobra, llamada "hacer caca": hinchar la barriga y apretar las manos contra la misma a la vez, sin ceder en ninguno de los dos esfuerzos, hasta que el ritmo cardíaco vuelva a la normalidad.
Allí permanecí el domingo y buena parte del lunes, cuando al fin me trasladaron a coronarias y me pusieron una telemetría por si acaso. El miércoles al fin pasó mi doctora, pues no tenía consulta el martes, y entonces me enteré de que me había tocado mala época por ser el puente de la Constitución y de que me tocaba ser paciente en el otro sentido: el cateterismo sería el siguiente lunes, 10 de diciembre. Comenzaron para mí cuatro días sumamente tediosos, pero llegó al fin el lunes 10 y la intervención tuvo lugar. Para el que no lo sepa, consistió en introducirme un tubo muy fino por la arteria femoral, cerca de la ingle para ser más claros, que llegara hasta el corazón para quemar la susodicha vía.
Esta fue un éxito (fueron tres horas en las que permanecí medio inconsciente por el efecto de la anestesia), pero había un problema: si bien pudieron provocarme una taquicardia (para así identificar qué vía quemar), el cuadro de esta arritmia no era el que me identificaron, más grave. Así que me comunicaron que debía quedarme más tiempo para otra operación: implantarme un desfibrilador automático implantable, DAI (ahora implantado). Y he aquí que se juntó otra mala época: la sala de resonancias estaba en obras para instalar otro aparato. Debía esperar diez días, en los que mi paciencia estuvo a punto de acabarse dos veces, pero supe resignarme a tiempo.
Durante ese tiempo, me hicieron una ecografía que no reveló nada perjudicial y superé la primera de mis convalecencias, pues el cateterismo me obligó a guardar cama durante unas horitas. Durante esos diez días, tuve que ser cuidadoso al caminar, pues tenía unos hematomas como resultado de la intervención.
Para el que no lo sepa, una resonancia es una exploración del cuerpo mediante potentes campos magnéticos. La principal razón para realizarla entonces era que el desfibrilador en el futuro interferiría. Una vez cumplido el trámite el jueves 20, me operaron al día siguiente en una intervención cortísima, pero tras la cual me dormí hasta la hora de comer. Parece que me quejé del dolor y me dieron paracetamol, algo inaudito en alguien dado a disimular sus penas físicas como yo. Dicha intervención me ha introducido un pequeño dispositivo electrónico en el costado a la izquierda del pecho, debajo del sobaco, amén de un cable que conecta dicho dispositivo hasta la zona del esternón. Dos incisiones que suman once puntos, creo.
Además, me dieron un comunicador que se conecta con un ordenador en la consulta de mi cardióloga, quien podrá controlar en el futuro mi evolución cardíaca. Esto es el futuro, señores. Aquí enlazo el aparato en cuestión.
Empezó otra espera, principalmente para retirarme los vendajes para las dos incisiones así como para una radiografía pectoral. Esto conllevó otra convalecencia que aún dura, pues sigo teniendo los puntos. Llegó Nochebuena y me pilló allí, pero ayer, día 26 por fin recibí el alta y volví andando (repito que vivo cerca). Ahora mismo espero el día 31 para que me quiten los puntos de una vez y el día 2 de enero para hablar con el doctor de cabecera sobre mi baja médica y cuándo debería incorporarme al trabajo.
Desde luego, este año voy a acabarlo por la puerta grande, sin duda. De todos modos, aún estoy asimilando el hecho de que tengo un bulto en el costado izquierdo, de que un cable recorre mi pecho hasta el esternón y de que dentro de unos años se habrá de repetir al menos parte de la operación. También estoy asimilando el hecho de que tendré un problema de salud crónico y que puede limitarme en algo tan elemental como la conducción, aunque ahora mismo no disponga de automóvil.
Ninguno de mis problemas médicos ha sido jamás de tal magnitud ni he tenido que arrostrar posteriormente consecuencias demasiado graves. Desde luego, me hago cargo de que hay casos mucho peores, pero he pasado de preocuparme por el sobrepeso a por problemas del corazón, lo que me ha supuesto un gran shock. Siempre pensé que, si alguna vez acabara con problemas, sería por motivos alimentarios, pero los facultativos sólo me han indicado una sencilla medicación, pues los diversos análisis que me han realizado no revelan nada preocupante en mi tensión o en mi nivel de azúcar en sangre. Tampoco puedo dejar de pensar que debería haber ido al médico por si acaso cuando me dolió el pecho por la calle, pero bueno...
A este respecto, la tuitera Bukuku, interesada en la narración a través de Twitter de mis padecimientos corporales, encontró por internet un pdf del mismito manualito que me han dado, que enlazo para quien sienta curiosidad.
No me puedo quejar del trato por parte de los médicos, aunque los tiempos de espera han sido desesperantes, como los propios facultativos han admitido. Aquí hay que decir que el nivel del hospital es muy bueno. La Sanidad Pública española es de las mejores del mundo, justo en reconocerlo.
También la respuesta de mi familia ha sido inmejorable, incluyendo a familiares que no veía desde hace mucho. Mis conocidos del trabajo han sido amables conmigo, así como los de Twitter.
Pero bueno, no nos pongamos tristones. A su manera, todo lo ocurrido me ha hecho un poco cyborg, lo que como aficionado a la ciencia-ficción y la fantasía no deja de parecerme gracioso de comentarlo (y a varios de mis conocidos). Y afortunadamente, mi vida normal no debería verse alterada en absoluto. ¿No es bueno, señores?
O en palabras más simples: qué hay de mí. No actualicé durante la primera mitad de julio porque en primer lugar no tenía un tema claro (aunque tengo varios borradores). Además, muy para mi sorpresa las visitas se mantuvieron dentro de lo razonable para una persona tan impopular como yo. Durante la segunda mitad de julio, sin embargo, un hecho vino a alterar mi monotonía: ¡¡Había encontrado trabajo!! Esto suponía por fin el fin de un largo período de paro, amén de por fin ser un currante según hacienda (hasta ahora, he hecho prácticas o con contratos mercantiles).
Esto, como es obvio, ha supuesto que tenga que dejar un poco de lado mis asuntos personales. De momento, no puedo decir que mi ocupación rentable coincida con mi pasión, situación esta en la que han contribuido la mala suerte, los errores políticos de la última década española y algo de torpeza por mi parte. No obstante, no puedo seguir viviendo a costa de mis familiares y en algún momento deberé buscarme las habichuelas por mí mismo, aunque sólo sea porque la autorrealización es un buen modo de ganar autoestima.
Esto no debería afectar tanto a mi información sobre nuevos trabajos. Al fin y al cabo, desde que asumí el juego de la Caroninga, me he tomado cierto tiempo. Sobre el blog por el amor a los blogs, pues ya caerá algo cuándo me dé la gana. Mientras, seguiré a lo mío.
Or, in simpler words: what about me. i dind'nt update during the first half of July because, in first place, I didn't know what to write about (I have various drafts, though). Furthermore, causing my most shocking surprise, visits remained stable for someboy as impopular as me. During the second half of July, however, a fact came to alterate my monotony: I had found a job!! This supposed the real end of a long period of unemployment, in addition of being a real worker for the estate (until now, I had done work emperience or under commercial contracts).
This, of course, has meant that I have to leave a little aside my personal business. For the moment, I can't say my profitable occupation is at the same time my passion, a situation that has come thanks to a combination of bad luck, the political errors of the last decade in Spain and some of my own foolishnes. However, I can't go on living at the expenses of my relatives and it will arrive the moment when i will have to get my own shit done, even only considering that self-accomplishment leads easily to self-esteem.
This shouldn't affect so much my news about future works. After all, since I assumed some project related to a friend, I decided to take some time. About posting in this blog for the sake of it, it will happen when I'm in the mood. Meanwhile, I'll follow my lead.
Mientras que uno puede nombrar varias novelas importantes de cualquier época de cualquier literatura europea, los chinos tienen sólo Cuatro Grandes Novelas, lo que es sorprendente en un país tan extenso, tan sumamente poblado, tan antiguo y con tan dilatada carrera literaria. Sin embargo, así es aunque sea sorprendente, todavía más porque "cuatro" en chino tiene una pronunciación muy parecida a la de la palabra muerte y tiene la misma connotación funesta que el trece en varias zonas de Occidente.
En parte, esto tiene cierta explicación evidente: la novela como género aparece tarde en cualquier literatura. La poesía fue la primera expresión literaria, con evidentes conexiones con la música, ambas muy relacionadas con la historia evolutiva de la especie humana. La humanidad sólo lleva escribiendo cerca de cinco mil años de sus entre cien mil y trescientos mil de existencia y la alfabetización total ha aparecido esporádicamente en bloques culturales durante esos cinco mil años. Los entretenimientos populares estaban muy ligados a la música y las veces que se disfrutaba de una narración sin más, esta solía ser corta y con rimas, como ocurre en los cuentos.
Nada de esto, sin embargo, impedía al analfabeto gozar de un buen libro, pues bastaba con un buen lector que narrara y todos lo escucharan. Esta, por cierto, era la manera más habitual de disfrutar la lectura en los tiempos antiguos. Se supiera leer o no, se "leía" en grupo y es la causa de que la palabra "lección" denote una variedad de un solo hablante y varios oyentes. San Agustín de Hipona cuenta que Orígenes leía solo, ni siquiera en voz alta como decimos ahora y basta entender que le parecía digno de ser contado para entender cómo era el goce literario entonces. Aquí se cuenta cómo se popularizó la lectura individual y en silencio, ¡y luego se quejarán de los móviles!
De todos modos, es obvio que no siempre había entonces tiempo libre y que el límite de narración está relacionado con la sed, amén que el de escucha era la memoria del oyente. Las primeras novelas suelen ser colecciones de relatos cortos (El Decamerón, El conde Lucanor, Los cuentos de Canterbury) o historias cortas como el Lazarillo de Tormes, en los cuales incluso se encuentran fragmentos adecuados para la lectura en voz alta.
Por otro lado, antes de la invención de la imprenta de tipos móviles era bastante difícil reproducir una obra demasiado extensa. Los copistas no eran demasiado rápidos y grandes partes de su esfuerzo se dedicaban a obras serias de filosofía o religión. No había tiempo para dedicarse a la ficción. La aparición de las novelas tuvo que esperar en cada ocasión todos estos elementos. Aún así, la alta cultura china siempre ha valorado más la poesía y pintura que a la prosa. De hecho, la razón de que el autor no firmara este libro está en que se habría visto vergonzoso en un funcionario dedicarse a semejantes menesteres, disfrutados para colmo entre el populacho.
¿Y de qué va Viaje al Oeste? Pues es una reconstrucción fantástica de un viaje auténtico de la China de los Tang a la India, en concreto al lugar donde se desarrollaron las enseñanzas de Buda, por parte del monje Xuanzang, más conocido como Tripitaka, que en sánscrito significa "Tres escrituras", las tres cestas de escrituras budistas que este monje estudió y tradujo en parte. Las razones eran de tipo teológico: el budismo que conocía Tripitaka era a veces elitista, proponiendo la salvación de unos pocos. Estas contradicciones inquietaban a este señor que quería encontrar coherencia, por lo que tenía deseos de consultar las fuentes originales del budismo, lo cual sólo se podía realizar en la propia India. No obstante, en aquel entonces estaba prohibido viajar al extranjero por una de las diversas guerras que de tanto en tanto conmocionaban China.
No obstante, el tal Tripitaka abandonó un día China sin permiso del emperador (cosa sorprendente en alguien de su categoría social, no creáis) y allá que fue acompañando a mercaderes. Durante su camino, tomó apuntes sobre los diversos pueblos de la ruta de la seda y cuando llegó a su objetivo, paso doce cerca de doce años estudiando hasta que volvió, pidió perdón al emperador por irse sin más ni más y se dedicó a la traducción de los rollos. Tiempo después, murió.
Pero, y como ocurre aquí con el cristianismo, nadie espera que un santo realice un viaje sin que le pasen cosas raras y he aquí donde entra el Rey Mono: la tradición asegura que Tripitaka encontró a cuatro ayudantes sobrenaturales que estaban destinados a ser sus discípulos antes de haber nacido. El más importante es el Rey Mono, un ser prácticamente omnipotente, llamado Sun Wukong como budista, nombre adaptado en Japón como Son Goku.
Sun Wukong no tiene un origen claro, como suele ocurrir con los personajes míticos. En otras tradiciones se pueden encontrar monos mágicos con poderes imparables, cuyas fuentes en último término pueden llegar al dios Hanumán. Los otros discípulos son Ba Chie, un cerdo monstruoso que mayormente está para que se rían de él, el bonzo Sha, una especie de rana que tampoco interviene mucho en la novela, y el dragoncito Yulong, que todavía habla menos porque hace las veces de caballo del maestro.
La razón por la cual Tripitaka encuentra a estos discípulos está en que posteriormente se le identificó como la reencarnación de la Cigarra de Oro, un discípulo de Buda que se habría dormido durante una de sus explicaciones y fue condenado por ello a reencarnarse y tener que llevar varias vidas ascéticas antes de poder volver a ser digno. En su avatar de Tripitaka, se le ha impuesto una serie de castigos que empiezan desde antes de su nacimiento (el budismo también es una religión sádica, ya ven), la mayor parte de los cuales está en ser capturado por una serie de monstruos que viven por esas montañas alejadas de la civilización.
Respecto a los discípulos, estos ayudan al maestro para limpiar las diversas faltas que cometieron, siendo el que más la armó el propio Sun Wukong, quien intentó ni más ni menos que invadir el Palacio Celestial después de haber trabajado cierto tiempo allí como encargado de las cuadras celestiales, hasta que el mismísimo Buda lo tuvo que parar y dejarlo bajo una montaña para que meditara sobre los males derivados de su violencia desaforada.
Así, el viaje de Tripitaka y sus discípulos se transformó en China en un tema sobre el que construir anécdotas de carácter fantástico y religioso. Del mismo modo que en Occidente hay diversas obras que narran los viajes de Hércules o de Ulises, el teatro chino creó diversas historias de Tripitaka y sus discípulos. Pronto quedó claro que, si bien hay un claro trasfondo religioso en estas aventuras, a la gente le gustaba ver a Sun Wukong dándole de palos al monstruo de turno y que a Ba Chie lo putearan de alguna manera (el humor grueso es universal).
Debido a ello, el espacio-tiempo se hubo de distorsionar por razones artísticas. Al verdadero Tripitaka le llevó unos pocos años llegar a la India y como hemos indicado pasó doce estudiando en la tierra de Buda, al ficticio le llevó casi la mayor parte de ese tiempo llegar hasta allí, con las ocasionales paradas causadas por los monstruos. En la novela se dice que de China hasta la India hay cincuenta mil kilómetros, y dejando de lado que pueda haber un error de traducción es obvio que es una exageración (es una distancia mucho mayor que la longitud del Ecuador). Aunque los sucesos descritos en el libro a veces se ambientan en las diversas tierras que cruzó Tripitaka, normalmente son exagerados y distorsionados, y otros son directamente inventados, claro está.
Con el transcurso de los siglos, se multiplicaron las obras de teatro en China y los países bajo su influencia, y a veces las aventuras del Rey Mono aparecieron en novelas, pero de la mayoría no se conserva demasiado. En pleno siglo XVII fue cuando apareció el texto considerado hoy en día como canónico, cuya autoría se discute por el motivo indicado más arriba. Muy probablemente es un pastiche en que el autor juntó partes de otras versiones, extractos de obras teatrales y alguna que otra idea de su invención, además de dotarlo de cierta unidad temática. Probablemente la mayor contribución del autor es intentar conciliar (a veces) las tres grandes religiones chinas, confucianismo, taoísmo y budismo, que conocieron guerras y no eran raros los conflictos entre sus seguidores.
Y aquí debo indicar que lo anteriormente escrito lleva como borrador cerca de un año en este blog, porque había planeado diversas partes sobre el Rey Mono. No obstante, como al fin y al cabo el buen lector entenderá mejor la novela si la lee, vamos a pasar a hablar de los temas de la novela. Tomada literalmente, la novela es un libro de caballerías: ocurren continuamente acciones extraordinarias, milagros desaforados y Sun Wukong poco menos que hace temblar el universo cada vez que se da de hostias con un bicho. Estas acciones se intercalan con los bromazos que los discípulos de Tripitaka se gastan entre ellos o contra algún pobre imbécil que se asuste de su aspecto monstruoso. Cuando a Tripitaka se le une Sun-Wukong, el libro alcanza un punto de reiteración, derivado del hecho de que la obra se basa en otras pensadas como unidades independientes.
Por lo general, la acción suele transcurrir así: después de algunos meses viajando, Tripitaka y los cuatro de la muerte (Jaja, como cuatro en chino es un número "mortal"...) llegan a un sitio donde ocurren maldades por culpa de algún monstruo, que secuestra a Tripitaka bien porque comiéndoselo heredará todo su mérito dhármico, bien porque en realidad era un aliado budista que actuaba para castigar a algún rey local. Sun Wukong y los otros pelean contra este y sus huestes hasta liberar al maestro, dándole matarile al bicho en el primer caso y dejarlo estar en el segundo. Este esquema suele variar un poco a veces, como cuando les roban a los discípulos las armas mágicas o cuando hay agua, porque es el pequeño punto débil del muy poderoso Rey Mono. De hecho, recomiendo al lector que se habitúe a sentir un continuo déjà vu si se decide a leer este tocho, de 2200 páginas.
Pero claro, como libro religioso, es esperable que haya un mensaje. La metáfora se desvela al menos en parte mientras uno lee el libro: el mono = la mente, el caballo = la voluntad, el cerdo = el cuerpo, el bonzo = los fluidos corporales (siendo honesto, los dos primeros son mencionados explícitamente). Tripitaka sería la persona como elemento físico tangible, y su actitud insegura y contradictoria se basa en el hecho de que, a pesar de ser un tipo acostumbrado al ascetismo, no posee la armonía propia de alguien que ha conquistado sus necesidades humanas. Esa es también la razón por la que el Mono Sun Wukong es el más poderoso de todos los discípulos de Tripitaka, pues encarna la más poderosa cualidad humana: la inteligencia. Sin embargo, los demás discípulos son asimismo importantes: el caballo sostiene al hombre llamado Tripitaka, sólo con la inteligencia no llegaría nunca, necesita voluntad. Por otro lado, para sentir las vicisitudes de los hombres, necesita un cuerpo y estar hecho como ellos.
Ahora que lo pienso, no es raro que sea Sun Wukong el discípulo que en más de una ocasión se pira: bien puede simbolizar que la inteligencia podría tentar a Tripitaka a abandonar y dedicarse a cualquier actividad más divertida. Esto también implicaría el por qué de la corona mágica que Tripitaka usa para castigarlo: simboliza su naturaleza regia, pero es también fuente de sufrimientos. ¿Cuándo no se ha dicho que la inteligencia suele estar relacionada con el pesimismo y, como consecuencia, con los dolores más profundos? Pero también la novela destaca que, siguiendo los principios adecuados, la inteligencia llega a lo más alto (Sun Wukong es llamad el Sosia del Cielo).
Huelga decir que la novela tampoco deja escapar la ocasión para presentar, aunque sin sermonear demasiado, diversos ideales budistas. Algunos de ellos son bastante similares a los de otras religiones, como pasar hambre, no frungir y llevar una vida de rezos, otras son quizás más peculiares. Siendo una religión principalmente atea, el budismo suele insistir en que todo es una ilusión. Así, por ejemplo, en algunas partes del libro se insiste en "ver sin formas, oír sin palabras" y otras expresiones similares.
Debo admitir aquí que considero que el budismo es un caso obvio de esa expresión inglesa que dice "Al fin y al cabo, la puta está muerta y además eso ocurrió en otro país", que se usa para afear a quien le quita importancia a un hecho grave alegando que no afecta a los presentes. En el caso de las religiones dhármicas, mucho me temo que es así. No sólo es que los diversos cleros (o equivalentes, si se prefiere) de estas religiones hayan caído en lo mismo que se les echa en cara con justicia al de las religiones abrahámicas, sino que tampoco se puede decir que no hayan creado problemas sociales de diversos estilos, como haber justificado las castas por supuestas acciones cometidas en vidas anteriores.
Tampoco me convencen sus propios principios, como el expuesto más arriba. Y no es que estén equivocados en base: la ciencia moderna ha demostrado que nuestros sentidos son muy engañosos, como demuestran las diversas ilusiones ópticas y auditivas que tanto gustan en neurología. Nuestros cerebros están preparados para detectar ciertas formas y discernir preferiblemente los sonidos de la voz humana al resto, por ejemplo. Por supuesto, algunos filósofos de la antigüedad lo intuyeron. Pero mi mayor desacuerdo viene con que el budismo cree tener una salida a las limitaciones humanas, lo que paradójicamente demuestra que los budistas cometen errores humanos: ¿Quién les dice que se pueda "liberar" la vista? La vista es un sentido muy útil, sin duda, pero siempre que tengas luz a mano. ¿Qué ocurre si quieres observar la verdadera esencia del fondo del océano? Porque, como allí apenas hay luz y lo iluminas, es predecible que no observes reacciones típicas por parte de la fauna. Es decir, que la vista está limitada, después de todo. ¿Pero sería posible que no lo estuviera? Me da que no.
Esto me hace pensar que a su manera este tipo de discurso, a veces descrito como nihilista o incluso misántropo según las ganas que tenga el escribiente de crear polémica (a mí me da igual cómo lo llamen), es muy dogmático: si una verdad no es absoluta, pues se rechaza con toda alegría, sin importar que pueda ser mejorada o incluso útil. Ese miedo a los errores es precisamente la característica más notoria del tocapelotas de Internet y además lo lleva a enfrentarse al prójimo destacando y exagerando detalles nimios en su ansia por derribar alguna afirmación que no les guste.
Por poner un ejemplo, hace tiempo leí este artículo en que se nos habla del horror que Bruno Latour, ese señor frecuentemente nombrado en ejemplos de la mierda del posmodernismo, sintió cuando tuvo la certeza de que los argumentos empleados por Trump para negar el cambio climático no son muy distintos de los suyos cuando se dedicaba a hablar del anacronismo del bacilo de Koch. La frase que más llama mi atención es esta, que prefiero traducir (2).
Siempre somos prisioneros del lenguaje, pues siempre hablamos desde un punto de vista particular.
No deja de llamarme la atención la idea de que seamos "prisioneros del lenguaje". Hombre, pues claro que mientras escribo esta entrada, me ciño a una serie de reglas semánticas, gramaticales, ortográficas y de puntuación a las que llamamos "idioma español", o castellano si prefieren, ¿pero me imposibilita elaborar la propia entrada? De hecho, ¿no son necesarias unas propias reglas para luego construir algo? Recuerdo que conocí a un tuitero, licenciado en filosofía, que decía que la idea de la libertad absoluta no era sólo imposible, sino además absurda. Al final tuvo que irse porque cayó en una actitud tóxica causada por el acoso de jaurías de cobardes y miserables.
De hecho, muchos señalan que el budismo hace no pocas veces buenas migas con un cierto tipo de charlatán que antepone, irónicamente, la subjetividad ante todo lo demás y acaba por ser un Paulo Coelho de la vida: el sentimiento encima de la prueba empírica, por ejemplo, porque se acaba afirmando que la experiencia ajena es inaprehensible, así que todo va sobre uno mismo, protagonista absoluto de la existencia. De hecho, se podría decir que este discurso lo ha superado ya la propia ciencia cuando por ejemplo explica la mecánica cuántica mediante el razonamiento del gato de Schrödinger, que está vivo y muerto a la vez mientras no abramos la dichosa caja o la también caja, pero infinitamente grande, de Einstein cuando explicó que la gravedad no era una fuerza, sino una deformación del espacio-tiempo. Y no niego el valor del koan como metáforas filosóficas, como la del asno de Buridán, lo que sí rechazo es que se venda en esa forma paternalista de racismo que es el orientalismo.
Dicho eso, la novela es interesante para entender cómo funciona el pensamiento mágico, pues se explaya en la numerología para racionalizar los poderes de los protagonistas, cosa esta que es desde luego una constante en la humanidad. En ese sentido, quizás habría sido una buena idea que la traducción hubiera dejado las medidas en los patrones originales, pero como las notas ocupan cerca de 200 páginas, habría resultado problemático. También vendrían bien ciertas aclaraciones, como que en las lenguas orientales el 10.000 es el número más alto que se puede decir con una sola palabra, por lo que tiene un matiz de "absoluto".
En resumen, es una lectura interesante para entender el pensamiento chino y, asimismo, para aquellos con cierto interés por los motivos más frecuentes en la fantasía de los países influidos por ese pensamiento, como Japón. De hecho, más arriba he dicho algo que habrá hecho que más de uno levante una ceja. Quizás el mayor pero que tengo es que la descripción del maestro no puede ser más desagradable, cuando el Tripitaka histórico debía de ser muy erudito pero también muy bravo, capaz de desobedecer a todo un emperador. Que además lo hiciera por una cuestión de honestidad intelectual hace que lo admire, aunque no comparta sus ideas.
A Viaje al oeste se le llamó Saiyuki en Japón, pues es la lectura de los ideogramas chinos originales. Este país tiene el honor de haber sido la cuna de algunos de los originales más antiguos de la literatura china y este caso no es una excepción. Dragon Ball es una historia basada ligeramente en el clásico chino. Sun Wukong es pequeño y cuando se transforma en algo suele olvidar la cola, lo que coincide con el aspecto de Goku al principio de Dragon Ball, sin duda una referencia. Aprovecho para realizar un inciso: mucha gente se refiere a Goku antes de su pelea contra Piccolo hijo como "Goku niño", pero lo cierto es que Goku decía tener doce años en la primera parte de Dragon Ball. No es que fuera un "niño", es que antes de dar el estirón era un puto enano, como Krilín. Además, siempre que se hablaba de su origen, se mantenía el misterio.
En lugar del sacerdote, tan arisco en la obra, Toriyama tuvo el acierto de introducir a Bulma, quien es recordada con mucho cariño por diversas razones: unos, porque fue un personaje al que definen como fuerte sin necesidad de dar hostias, cosas distintas que no obstante muchos confunden; otros, por el fanservice. Aquí sería injusto no recordar lo primero, pues es cierto que Bulma mostraba mucha iniciativa en las aventuras, pero ingenuo no tener en cuenta que algunos veían la serie cuando eran efebos. Como en la novela, Bulma encuentra a Goku y este inicia su viaje en busca de las famosas Bolas del Dragón.
Recuérdese como Bulma siempre se sorprendía de las habilidades de Goku y la defendía de los malhechores, como Tripitaka y Sun Wukong, respectivamente. Recuérdese además que los primeros enemigos de Dragon Ball, muy a pesar de ocurrir en la Tierra y sin alienígenas, eran en su mayoría animales antropomorfos y seres de aspecto extraño, empezando por Pilaf, el primer gran malo, que parece un duende. Por supuesto, no podemos dejar de nombrar el bastón mágico, que una vez más es el arma legendaria que Sun Wukong maneja con soltura. Este acaba siendo una parte del palacio celestial, que es un origen similar al de la Barra de los Extremos de Oro del Rey Mono. Y la nube mágica, pues en el mundo mágico chino, cualquiera que haya avanzado un poquito puede andar por las nubes.
Ten Shin Han es claramente Er Zhan, un personaje implicado en una primera captura de Sun Wukong, especialmente por el tercer ojo y porque al principio fue el rival más serio que tuvo Goku, llegando incluso a derrotarlo gracias a las circunstancias. Entre los amigos de Goku, hay un cerdo salido llamado Oolong, un gato parlante flotante llamado Puar y una especie de fantasma, Chaoz. Tampoco Krilín tiene un aspecto muy normal (no tiene nariz) y Mutenroshi es un inmortal taoísta. Además, después de matar a Piccolo padre, se descubre que en realidad es el alterego malvado de Dios. Este es un giro común en la obra original: el monstruo resulta ser una criatura celestial que bajó a la Tierra en el pasado y se volvió malvada.
En resumen, que es obvia la mayor influencia de Viaje al Oeste durante la primera parte. Después, apareció Dragon Ball Z y marcó el fin del personaje de Goku como versión moderna del todopoderoso Mono, pasando a partir de entonces a ser una especie de Superman: Goku ya no era un ser único de origen mágico, sino un alienígena enviado a la Tierra justo en el momento de la destrucción de su planeta natal. Porque las Bolas del Dragón pueden conceder la inmortalidad, debía enfrentarse a congéneres suyos, como el hijo de Kriptón lo hacía en Superman 2. La deriva del argumento es tan fuerte que ha hecho que Dragon Ball Z se perciba como una serie distinta de la que carece de la letra que debía ser un número (Toriyama escribió un 2 un poco anguloso), siendo motivo de disputa entre los que fuimos niños en aquella época (algunos somos además fans del manganime) sobre si es una serie buenísima o una puta mierda. Yo soy de la opinión que fue con franqueza mediocre, repitiéndose como el ajo en la superación de poder, aunque tampoco la quemaría.
De todos modos, para lo que nos ocupa, también hay unas cuantas referencias ocultas. Por ejemplo, la famosa habitación del tiempo hiperbólico que apareció por sorpresa a mediados del arco de los androides está basado en la creencia, comentada en la novela, de que en el cielo mitológico chino sólo pasa un día cuando en la Tierra pasa un año (eso implicaría que la Tierra estándar de Dragon Ball sería el cielo... ¡Era broma!).
Otro manga con una clara influencia de Viaje al oeste es One Piece. Siendo una obra hija de Dragon Ball, es tentador afirmar que la mayoría de sus parecidos con Viaje al Oeste nacen de ahí... Pero resulta que queda claro que Eiichiro Oda debe de conocer muy bien la novela, pues las referencias son continuas. En primer lugar, el protagonista, Monkey D. Luffy, se apellida "Mono". Luffy no puede nadar porque consumió una Fruta del Diablo, que dan superpoderes a cambio, lo que lo enlaza con el punto débil de Sun Wukong. En común con el Rey Mono tiene su carácter optimista y provocador, además de que su capacidad elástica recuerda a los cambios mágicos de tamaño de Sun Wukong.
Zoro emplea en ciertos momentos una técnica en la que tiene tres cabezas y seis pares de brazos, multiplicando sus espadas por tres. Una clara referencia a la transformación más querida del Rey Mono.
Nami emplea una barra "mágica" como arma y es capaz de hacer "hechizos" que provocan tormentas, que es otro de los poderes de los diversos personajes mágicos de Viaje al Oeste.
Y Robin, recordemos, se multiplica, truco que también domina Sun Wukong (siendo honesto, lo domina CASI todo).
Pero es la estructura de One Piece lo más parecido a Viaje al oeste a pesar de sus tremendas diferencias ideológicas: ambas historias tienen a sus protagonistas buscando un emplazamiento que está tremendamente lejos y que, para alcanzarlo, deben luchar contra numerosos enemigos. En dicho emplazamiento hay un objeto de tremendo valor, los tres cestos de rollos en el original, el propio tesoro "One Piece" en el manga.
Podría extenderme con más ejemplos, pero dejémoslo aquí. Aunque sólo sea por interés histórico y por el hecho de que cada vez se sabe más de la cultura china, no está mal empaparse en una obra capital de sus mitos.
Fuentes
La imagen procede de la cubierta del propio libro, claro.
Lo digo desde ya: no he trabajado en Thrylos desde la última versión. Ya entonces dije que habíamos cambiado de edición de Godot, uno de los motivos por el que no avancé más con aquel prototipo. El otro es más obvio: Thrylos es un concepto bastante abierto. Podría decir que es un juego de juegos, lo que implica un gran problema: necesito pensar cuidadosamente cada uno de esos juegos.
Debido a ambas razones, decidí empezar a hacer algo nuevo para al menos cambiar un poco de aires. Este proyecto es más simple, lo que implica que tengo un camino más claro y puedo centrarme mejor en los objetivos. También tengo decidido cómo quiero que continúe la idea, así que paso a paso la acabaremos. Tengo una gran parte completa, aparte de estar sacándole mucho más partido a Godot, que aprovechaba muy por debajo de sus capacidades.
Eso sí, hay una novedad, porque en verdad no es algo sólo mío, la idea es sin duda externa (y más cosas) y debe decirse que, si bien llevo al programación solo, la obra por derecho es también de otro: de Mario Domínguez Soler. Por la simple razón de que me sigue gustando The Revenge of Shinobi, he decidido que es buena idea coger a Carolina Linares, "Caroninga", y darle una versión propia, El jeugo de la ninga asesina (sic).